Primera película del aclamado director coreano que veo en pantalla grande y que es su estreno en el cine producido en Hollywood e interpretado por actores de esa llamada meca del cine.
Gramaticalmente es pura perfección, con secuencias e ideas brillantes visualmente. También los actores me han parecido perfectos hasta diría que Nicole Kidman vuelve a ser lo que era luego de las nefastas consecuencias de las operaciones estéticas en su rostro, pero en el apartado actoral debo destacar a la brillante presencia de Mila Waikowska en el papel principal de la historia.
Y precisamente es la historia lo menos logrado de su conjunto. Una pena que tanto alarde técnico, tanta excelencia visual y tanta genialidad en la narrativa cinematográfica, se vea empañada por un guión simple con una trama que se resuelve con un par de golpes de efectos.
Es cierto que la película tiene reminiscencias del cine de
Alfred Hitchcock, tanto en que su argumento recuerda directamente a
La sombra de una duda (1943) como en que consigue mantener la tensión por las extrañas relaciones entre los personajes así como por la manera en que el director maneja la cámara en diferentes secuencias. Claro que no hay que olvidar que el maestro británico hizo gala en muchas de sus obras de esa misma falta de profundidad en el fondo de sus historias que, normalmente, estaban al servicio de un estilo visual inmejorable. En ese mismo camino se dirige el cine de Chan-wook Park aunque sin llegar a la excelencia del de Hitchcock.