Argumento: El padre de un adolescente le regala para Navidad como mascota, una extraña criatura de nombre Gizmo, con la advertencia de que tiene que cumplir tres reglas: no exponerlo a mucha luz, no mojarle ni darle de comer después de la medianoche.
Director: Después de Piraña (1978), Aullidos (1981) y uno de los segmentos de En los límites de la realidad (1983), Joe Dante dirige, con producción de Spielberg, esta nueva película que aúna terror y comedia, claramente dirigida al público familiar.
Actores: El debutante Zach Galligan junto con Phoebe Cates son la pareja protagonista. Entre los secundarios encontramos a Corey Feldman que, posteriormente, sería un actor recurrente en varios éxitos de los ochenta como Los Goonies (1985), Cuenta conmigo (1986) y Jóvenes ocultos (1987).
Datos: Fue el cuarto estreno más taquillero de 1984 y una de las primeras producciones de la factoría de Steven Spielberg.
Crítica: Debe ser la tercera vez que la veo (si no es la cuarta) y ésta vez ha sido más por que la conociera una persona que todavía no la había visto nunca que porque me apeteciera. Sigue teniendo el encanto de Gizmo, una mascota que todos los niños queríamos tener cuando se estrenó la película, y las risas garantizadas de la mano de los gremlins malos que se dedican a descontrolar y hacer trastadas de todo tipo.
La historia hay que tomarsela sin demasiada crítica porque enseguida se nota que el guión intenta parodiar las acciones de los bichejos que son capaces de conducir vehículos, cambiar las luces de los semáforos, beber alcohol, jugar al poker o, asistir todos juntos, a la proyección de "Blancanieves y los siete enanitos" en el cine de la ciudad, película que ellos mismos proyectan. Dante y el resto de responsables del film, utilizan un humor pasado de rosca y lo mezclan con el ambiente terrorífico que no abandonan hasta el final y que, junto a escenas violentas, hizo que en su estreno hubiera polémica por ser calificada para todos los públicos. No quiero olvidar que en el guión aprovechan para reírse de muchos de los tópicos navideños en los que se ambienta la trama, algo que tampoco parecía muy adecuado para el público infantil (en una de las escenas se revela quien es Papa Noel con bastante mala leche).
Es una película a la que le tengo cariño pero que me parece muy irregular y que me tengo que tomar a guasa para darle el aprobado. Además y como me pasa con mucho del cine estadounidense de la década de los ochenta, creo que ha envejecido muy mal y, en su contra, encuentro que al ir dedicado al público familiar (buscando la máxima comercialidad) pierde mucho de su empuje que lograría si se decantara por un género concreto, un público determinado y una historia menos edulcorada y blandengue. La mano de Spielberg se nota mucho en este aspecto aunque haya pasado a la historia por sus efectos especiales, el encanto del monísimo Gizmo y la gran escena de la sala de cine con todos los bichejos cantando junto a los enanitos de Blancanieves.






