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25 de enero de 2012

LAURA (1944) - Otto Preminger



Hace poco me propuse, entre otros planes relacionados con el cine,  revisar algunas de las películas que me gustaron mucho pero que tengo olvidadas. Algo que llamo "aquellas grandes películas" y que en mi antaña valoración me sorprendieron, fascinaron y dejaron huella.  El plan es ver una al mes para cumplir esa propuesta.

Laura era una firme candidata a esta revisión. Me gustó mucho en mi primer visionado y a pesar de no recordar su argumento con precisión, si que tenía una impresión del ambiente que respiran sus imágenes. Ahora la he vuelto a ver en DVD y se me ha caído el mito.

Dirigida por Otto Preminger (del que por aquí he comentado El hombre del brazo de oro y Buenos días, tristeza), es un film que se sitúa claramente dentro del llamado cine negro, con ingredientes habituales como detective, asesinato y misterio. Antes de este director, el rodaje fue de Rouben Mamoulian y entre ambos hubo discusiones acerca de la paternidad del material rodado. La realidad es que el segundo fue despedido y Preminger firmó en los créditos oficiales. 

Adapta la novela de Vera Caspary dónde un detective investiga la muerte de una joven. Mientras mantiene varias líneas de sospecha abiertas, se va enamorando de la fallecida, representada en un cuadro que preside su casa así como en lo flashbacks en las que se le recuerda. Cuando, en la mejor escena, se descubre que ella no ha muerto, el guión da un giro definitivo para su resolución final.

Gene Tierney es Laura, una actriz a la que no he seguido muy de cerca pero de una belleza elegante; Dana Andrews se maneja bien en el personaje del detective Mark McPherson; Clifton Webb borda al maduro Waldo; y Vincent Price (en uno de sus primeros papeles) y Judith Anderson (siempre recordada por su malvada de Rebeca de Hitchcock) cumplen en sus papeles también importantes en la trama.

Decía que se me ha caído un mito porque aunque me sigue pareciendo una buena película, no encuentro la fascinación que en su día me atrapó. La historia tiene buenos personajes pero ni me arrebata ni localizo en ella escenas cumbres como para la fama que tiene (hasta para mí la tenía). Más bien, lo importante en ella es su trama de misterio, de intentar averiguar quién es el asesino pero no de un cine que contenga más valores que estar hecha con mimo y tener cierto estilo fantástico. Detalles que consiguen salvarla del aburrimiento y llevarla hasta el aprobado.

27 de julio de 2010

THE MAN WITH THE GOLDEN ARM (El hombre del brazo de oro, 1955) - Otto Preminger



Llevaba tiempo interesado por esta película después de haber visto alguna imagen con Frank Sinatra drogándose. El otro día encontré por casualidad el DVD en una tienda a un precio ridículo y se vino conmigo a casa.

Hace poco escribía unas líneas sobre mi desconocimiento de la filmografía de Otto Preminger al reseñar Bonjour tristesse (Buenos días, tristeza, 1958) y ahora de nuevo me lo encuentro dirigiendo ésta interesante película, adaptación de la novela homónima de Nelson Algren. Lo destacable es lo que a mí me llamaba la atención: que es una producción hollywoodiense con estrellas cómo Frank Sinatra y Kim Novak, que trata sobre un heroinómano, incapaz de alejarse de su destructiva adicción.

En un maravilloso blanco y negro, con música de jazz, y situada en un barrio de Chicago, dónde el juego y el alcohol son parte de la rutina de sus vecinos, vemos a personajes secundarios inolvidables y a los protagonistas unidos por su mala suerte. Frankie (Frank Sinatra) es el mejor repartiendo las cartas en las partidas clandestinas de poker, pero sus buenas intenciones pasan por abandonar esa vida y conseguir ser músico sentado en la bateria de una banda de jazz. Su mujer (Eleanor Parker) está en una silla de ruedas y cada día su desequilibrio es más evidente; pero el verdadero amor de Frankie es Molly (Kim Novak) que trabaja en un club de strippers y es pareja de un borrachín.

Al igual que en The Lost Weekend (Días sin huella, 1945) se trataba la odisea personal del alcohólico; aquí el tema principal es la toxicomanía, el enganche a la heroína, la obsesión por pincharse, el mal vivir de un personaje débil ante el deseo inevitable que le impide alejarse del vicio que le quema la vida. Está claro que es una película de los años 50, que no son los heroinómanos de Eloy de la Iglesia en las pelis de quinquis que se rodaron veinte años después en España, pero mi curiosidad ha quedado satisfecha con creces. ¡Si hasta Frankie pasa el mono encerrado en una habitación! Una buena e interesante película que ya puedo tachar de mi lista de "tareas pendientes".

12 de abril de 2010

BONJOUR TRISTESSE (Buenos días, tristeza, 1958) - Otto Preminger



Adaptación de la novela de Françoise Sagan, publicada cuatro años antes, y que también he leído. En ese enlace cuento el argumento aunque en la película hay los inevitables cambios. Destacaría que el relato fluye entre dos épocas, la actual dónde Cécile reflexiona sobre el verano del año anterior, que es dónde transcurre la mayor parte de la trama. Para diferenciarlas, se usa el blanco y negro en la parte actual y el color cuando estamos en el verano.

Otto Preminger no es un director del que haya visto muchas películas y de las que conozco me gusta la excelente Laura (1944). Aquí tiene un elenco de actores excepcional: el padre es David Niven que en principio no lo veía en el papel pero la verdad es que lo borda: su joven ligue es Mylène Demongeot que me hace interesante un personaje que en el libro no me gusta; la mujer madura es Deborah Kerr muy adecuada en ese rol, y lo mejor de la cinta es la guapa Jean Seberg que es el alma de la historia. Además el director Jean Luc Godard la descubrió en esta película y luego le dio el maravilloso papel en À bout de souffle (Al final de la escapada, 1960).

En conclusión la película se ve con agrado. Desprende el calor del verano, con unos espectaculares escenarios naturales, y una buena ambientación de la noche festiva aunque tiene una escena de baile un poco ridícula. La parte en blanco y negro que simula ser la actualidad, no me parece muy destacable y son las interpretaciones lo que me más me gusta del conjunto. En ocasiones hasta me recuerda a las películas veraniegas de Éric Rohmer, salvando las distancias. Una rémora es que se nota el filtro de Hollywood ya que no aborda cuando Cécile pierde la virginidad o al menos no de manera tan explícita como en la novela, y que toda la parte final es revestida de cierto arrepentimiento por la protagonista valorando moralmente las consecuencias de su decisión respecto a la relación de su padre con Anne.