Un joven con problemas psicológicos divide su amor entre dos mujeres bien distintas, una es su atractiva vecina liada con un hombre casado y la otra es la cariñosa y sencilla hija de un socio de su padre. Cada una de ellas es un camino bien distinto: el amor loco e incondicional o la estabilidad emocional y económica; aunque para él la locura gana por goleada en su corazón.
Del director James Gray no he visto ninguno de sus films anteriores y a éste llego por la buena fama que tuvo en su estreno el año pasado. En las salas de cine se me escapó y ahora saldo la deuda en la pequeña pantalla.
Leonard (Joaquin Poenix) se pelea emocionalmente por el amor de Michelle (Gwyneth Patrol) aunque todo parece que le iría mejor si se decantara por Sandra (Vinessa Shaw). El film avanza con un estilo intimista, deudor de una mirada lúcida y realista sobre unos personajes que me atrapan. Personas con carencias afectivas y envueltos en el torbellino de los sentimientos.
Me gusta su desarrollo, sin poder dejar de sufrir con el protagonista pero entendiendo su enamoramiento sin condiciones. Joaquin Phoenix está soberbio y aunque no he seguido mucho su trayectoria, algunas de sus interpretaciones me han parecido de gran calidad: The village (El bosque, 2004) o Walk the line (En la cuerda floja, 2005). Además está la ya madura Isabella Rossellini que también hace un gran papel.
Actores aparte, lo que me engancha es la historia atormentada de ese personaje enamorado, de sus ilusiones, del vaivén de la historia y de ese final tan desgarrado pero a la vez tan sencillo y esperanzador para alguien con esa inestable personalidad. Es uno de esos finales tristes que me gustan mucho más que los happy end habituales. Viniendo de una cinta norteamericana lo valoro mucho más que en otro entorno.

