Jaime Chávarri tiene una larga trayectoria fímica, variada en géneros y con aciertos comerciales y artísticos. Besos para todos matiene un nivel aceptable en un relato divertido del encuentro de unos estudiantes con las chicas de un cabaret en los años sesenta. El descubrimiento del sexo y las rivalidades entre hombres y mujeres, vistas en tono de comedia, consiguen una película con muchos alicientes y que se lleva mi simpatía por sus personajes.
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4 de junio de 2012
6 de octubre de 2011
LAS BICICLETAS SON PARA EL VERANO (1984) - Jaime Chávarri
Adaptación de la obra teatral de Fernando Fernán Gómez y una de sus creaciones por las que más admiración tengo. Todavía a día de hoy no he leído el texto, ni tampoco tuve la suerte de verla representada en escena.
La película, dirigida por Jaime Chávarri, solamente mantuvo el protagonismo de Agustín González, incorporando a Victoria Abril, Amparo Soler Leal y al debutante Gabino Diego, entre otros actores.
La historia se centra en la vida familiar y vecinal de un grupo de personas que comparten los años de la guerra civil española en el Madrid sitiado. Este grupo no puede escapar del hambre y las penurias de la guerra, por lo que cada uno de ellos viven esa época de sus vidas según se enfrentan a la cotidianidad de una ciudad escasa de recursos y de futuro inmediato.
El padre interpretado con maestría por Agustín González tiene en su carácter lo mejor del argumento: es un hombre abierto a los cambios, con convicciones, ideales y un gran sentido de la justicia. El contrapunto es su hijo (Gabino Diego) que busca la manera de crecer en un mundo en el que se le ha robado la posibilidad de estudiar, de enamorarse y hasta de tener una bicicleta con la que divertirse en el verano.
Fernando Fernán Gómez no estuvo del todo de acuerdo con la adaptación porque parece ser que en el texto tiene más peso el anarquismo y en el film se ha quedado con escasa presencia. Sin poder valorarlo, la película avanza con fuerza apoyada en los personajes, en varias escenas magistrales (las cucharadas robadas a la olla de lentejas, la despedida de la criada) y una puesta en escena que no evita su antecedente teatral, pero que sabe sacarle partido a la sobriedad del relato y de los actores.
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