Mostrando entradas con la etiqueta Fernando González Molina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fernando González Molina. Mostrar todas las entradas

10 de octubre de 2011

TRES METROS SOBRE EL CIELO (2010) - Fernando González Molina




Federico Moccia, escritor italiano superventas, del que no pienso leer nada (ya está mi hija para contarme sus libros), es el autor de la novela en que se basa este segundo largometraje de Fernando González Molina que, al igual que consiguió con Fuga de cerebros, sabe llevar a la sala de butacas, a un número incondicional de espectadores que están en edad de disfrutar su propuesta.

Con una adaptación anterior, la italiana Te metri sopra el cielo (2004), que en España no se llegó a estrenar; la que aquí comento, escoge a dos solventes actores para sus papeles principales: Mario Casas y María Valverde, pero a pesar de su carisma, guapura y ganas de hacerlo bien, no pueden hacer mucho por sacar adelante una historia con demasiadas carencias.

No discuto que tenga una factura visual bastante lograda y que Mario Casas hasta me haga gracia como ese malo que, en realidad, es tan pijo como su amada. Por lo menos, productos que yo vi en mi época moza, no tenían tanta tontería y sobre todo, utilizaban el humor para reírse de los estereotipos que aquí abundan. En resumen, no la voy a suspender del todo porque a mí hija le gusta mucho, y eso me ha hecho verla un poco con sus ojos de adolescente. Cada uno tiene sus debilidades...

16 de enero de 2011

FUGA DE CEREBROS (2009) - Fernando González Molina



Tratando de emular a la comedia gamberra norteamericana  del estilo de American Pie y sucedáneos, Fuga de cerebros junta a un grupo de inevitablemente descerebrados que se matriculan en Oxford para que uno de ellos consiga declararse a su amor de toda la vida. 

Los gags se suceden una tras otro y la mayoría son lamentables porque el humor es  ridículo, escatológico y cansino por acumulación. No ayuda para nada que se eche mano de topicazos como el gamberro español enfrentado a la flema británica y,  sobre todo, que el grupo de personajes españoles resulte lo más penoso posible: el ciego y el parapléjico que no aceptan ser lo que son, el guaperas gay, el gitano hacker o el tímido buenazo.  

Todo eso no importaría si me hiciera reír y, la verdad, es que no lo consigue. Creo sinceramente que su gamberrismo se queda en bostezos, pero también que es una película que hace industria, que lleva a la gente a la que va dirigida a la taquilla y me alegro de que por lo menos fueran a ver esta peli española que una made in USA del mismo estilo que, en definitiva, sería tan mala como la que aquí comento.