Hasta ahora he sido fiel a acudir al cine a ver cada uno de los tres estrenos del norteamericano Thomas McCarthy, director al que descubrí con The Sation Agent (Vías cruzadas), repetí con The Visitor (El visitante) y ahora vuelvo a reincidir con este film que estoy reseñando.
La historia muestra a un grupo de personajes unidos por sus relaciones familiares y de amistad que encontrarán una motivación en un chico con buenas dotes para la lucha libre. En ese retrato de diversos personajes se demuestra una vez más que, a veces, las historias pequeñas y sencillas cuentan muchas cosas importantes.
A mí me vuelve a convencer como el director sabe sacar lustre de sus actores (magnífico Paul Giamatti), así como es capaz de narrarme unas vidas bastante normales pero que conforman una película que brilla dentro de esa sencillez aupada por sus aciertos interpretativos y de guión. El actor que es la guinda del pastel es el divertido Bobby Cannavale que ya era toda una revelación en el primer film de McCarthy.



