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7 de noviembre de 2010

BURIED (2010) - Rodrigo Cortés




Un transportista norteamericano es enterrado vivo dentro de un ataúd en Irak. Cuando despierta y con ayuda de poco más que un móvil y un mechero, debe intentar que le liberen de su propia tumba.

Un proyecto arriesgado: rodar una película con un solo actor encerrado dentro de un ataúd que, se ha mostrado, como una propuesta cinematográfica del más alto nivel. Rodrigo Cortés, del que no he visto su primer film, Concursante, mantiene el interés de principio a fin. Consigue una historia trepidante sin concesiones, sin salir fuera del ataúd, sin flashbacks, sin planos exteriores, sin ningún artificio más que un relato bien contado, con sabia utilización de los recursos de los que dispone.

El director dice que si el espectador soporta los primeros minutos del metraje, podrá ver la película entera. Es una verdad absoluta porque esos primeros minutos,  con la pantalla en negro, el agobio inicial del ataúd o los gritos pidiendo ayuda; todo ese inicio me puso a prueba y fueron los más desasosegantes con diferencia. 

También vuelvo a utilizar las palabras del director cuando dice que si la película hubiera sido más grande hubiera quedado más pequeña, para explicar con inteligencia, que si el film hubiera salido de la caja enterrada en el desierto de Irak, si el presupuesto hinchara la propuesta visual con más dinero, más personajes, efectos especiales o planos exteriores, seguramente Buried no sería tan especial como es.

Buried logra engancharme a la historia, sufrir con el protagonista, consigue acción (si, acción, y para ello solamente hay que llegar a la escena en la que aparece un nuevo personaje inesperado que no quiero revelar), drama, tensión, amor, conflicto moral. Todo eso basta para decir que es una gran película, gran cine que no necesita nada más que saber contar una historia original y valiente.